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Amor y sexo

Rutina de placer

A pesar de los años de convivencia, es posible encontrar el placer

Por Eda Fagundes • 08/12/2009

Juan y María vivieron una intensa pasión en la adolescencia, de aquellas que provocan fuertes latidos del corazón, encienden los cuerpos al punto tal que lo intenso y lo sublime se convierten en presencias constantes. Se casaron dos años después y comenzaron la vida con el firme propósito de eternizar los estados de placer y felicidad. El tiempo fue pasando, y en aunque estaban felices y enamorados en la vida real, María comenzó a angustiarse frente a la inevitable sensación de que las cosas estaban empezando a ser "diferentes". El detalle es que "lo diferente" fue interpretado como pérdida.

Juan que es más práctico y conectado con el mundo exterior estaba feliz. María fue entregándose de a poco al sufrimiento y al vacío y, aunque estaba en una relación amorosa estable, comenzó a perder el entusiasmo y el deseo sexual, creando un escenario de crisis existencial y conyugal.
La convivencia cotidiana puede ser buena cuando el interés por la novedad no anula las ventajas del "viejo conocido".


¿Por acaso la pérdida del interés sexual no es inherente al tiempo de la relación? ¿El deseo sexual no resiste al tiempo? ¿El punto álgido de la felicidad está exclusivamente vinculado a las experiencias pasadas, en un tiempo en que todo era novedad? ¿La convivencia cotidiana está destinada a ser poco interesante? Si María siente amor y placer en la compañía del marido, ¿por qué no puede pensar en sexo?

Muchas parejas saben que las crisis son excelentes oportunidades de transformación y crecimiento. Muchas van redescubriendo el sexo a lo largo del tiempo y viviendo situaciones y sensaciones que nunca imaginaron antes en términos de intensidad y placer. .

La convivencia cotidiana puede ser una buena experiencia cuando el interés por la novedad no anula las ventajas del "viejo conocido". María no puede pensar en sexo porque está infeliz. No puede reconocer el lado bueno de la estabilidad porque no se siente feliz y probablemente cree que las personas felices son aquellas que viven todos los días situaciones novedosas.

Ojala que Juan y María puedan conversar sobre el asunto, reformular sus ideas y vivir la plenitud sexual que es diferente en cada una de las fases de la vida, aunque está al alcance de todos aquellos que están abiertos a transitar por nuevas experiencias.

¡Ojala!

¡Hasta la próxima!



Eda Fagundes es psicóloga clínica con amplia experiencia en tratamientos de pareja, familia y trastornos de la sexualidad.  Leé más de este autor.







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