Un deseo incontrolable de agarrar el mundo o tragarse la vida de una sola vez, olvidando que existe un tiempo lógico para que las cosas se concreticen. Estas son actitudes que caracterizan un comportamiento ansioso. Hay señales un poco más específicas para identificar a la persona que sufre de la famosa ansiedad, como el hecho de tener el pésimo hábito de no dejar que los otros terminen de hablar, de querer hablar más rápido de lo que la lengua es capaz y de hacer que los ambientes se vuelvan pequeños cuando ella está presente. Al analizar los puntos mencionados, con toda seguridad debes haber relacionado la lista a alguien conocido, que siempre parece que tiene "una olla en el fuego".
La abogada Ana Carolina Mota asume que es una descontrolada. "Si tengo diez planes para hacer en un único día, me la voy a jugar y hacerlos todos. Mi auto es una extensión de mi casa, hay ropa para todas las ocasiones: desde la playa hasta la disco, parece que se me va a acabar el mundo mañana", cuenta, claro, sin dejar de trabajar en la computadora. El hecho de querer estar siempre algunos minutos adelantado podría ser la actitud de una persona al frente de su tiempo. Sin embargo, la persona solo es futurista por su forma de esperar que todo suceda a la velocidad de la luz. "Siempre tengo prisa para todo. Quiero que las cosas se resuelvan para ayer y al final estreso a todo el mundo que está alrededor", comenta la ansiosa (aunque consciente), gerente de tienda Alessandra Müller.
Esta forma desesperada de ser puede indicar, nada más y nada menos, una herencia de los tiempos en los que al ansioso lo trataban como el rey del hogar. "La persona que desde temprano se acostumbró a tenerlo todo y a todos a la hora que quería, construye el hábito de pensar que no tiene que esperar por nada", afirma la psicóloga Renata Barros. De acuerdo con la perspectiva de la psicóloga, podemos incluso concluir que la ansiedad, cuando no es patológica (aquella que causa perturbaciones como el síndrome del pánico y las fobias) es solo falta de una dosis (aunque sea homeopática) del viejo y eficaz "sentido común".
La ansiedad muchas veces se confunde con la falta de límite personal
Este comportamiento de ignorar que para todo existe un proceso lógico, según la psicóloga Renata Barros, se bautiza equivocadamente como ansiedad. "La ansiedad muchas veces se confunde con la falta de límite personal". La línea que divide al "mimado-estresado" del "ansioso-real" puede ser tenue. "En nuestra cultura el término ‘emocional', remite de forma equivocada a algo voluntario que ataca a las personas mentalmente débiles, consideradas delicadas o que no hacen nada. Todo eso compromete mucho la conciencia de la enfermedad", defiende el psiquiatra y Vicepresidente de la Sociedad Paulista de Psiquiatría Clínica, Dr. Geraldo Ballone.
Pero quienes están a la orden del día son los "ansiosos" y no los ansiosos de hecho, porque ellos no pueden responder por sus tensiones. Por su parte, los otros desarrollaron la personalidad privilegiando ataquecitos y escándalos, casi siempre con éxito. Y cuando crecen cargan un ego mayor que su propia altura, por eso se les llama ansiosos. "El inicio de este comportamiento está pautado por una educación súper protectora que daña la vida emocional de cualquier persona" resalta Renata Barros, completando que es ahí, ante las imposibilidades de la vida, que surgen los ansiosos.
No obstante, la ansiedad pura y simple es normal y saludable para el ser humano. Las personas deben presentarla siempre que están a la expectativa de un hecho. Después de todo, es una cuestión de sobrevivencia querer ver algo consumado y un poquito de presión no le hace mal a nadie. "La ansiedad es una actitud fisiológica necesaria del organismo cuando la persona está preparándose para pasar de una situación A a una B", explica el Dr. Geraldo Ballone. Cuando se vuelve una compañera constante, vale la pena ponerle atención. "Cuando la ansiedad no es proporcional a lo que la situación exige, puede acarrear problemas psíquicos y físicos, que varían desde problemas dermatológicos a úlceras digestivas, incluyendo la hipertensión arterial", afirma el Dr. Ballone.
Marcella Brum  
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